Archivo de la categoría: Goethe

Goethe y Vargas Llosa al otro lado

Auf der anderen Seite (conocida en España como Al otro lado) es una película de Fatih Akin. De ascendencia turca, la filmografía de este cineasta alemán, que incluye el drama y la comedia, se caracteriza por presentar personajes que se encuentran entre dos mundos: el mundo occidental (representado por Alemania, espacio en el que se desarrollan todas sus películas) y el mundo oriental (Turquía, siempre presente por la ascendencia turca de sus personajes y, en varias de ellas,como espacio del desenlace).

El protagonista de esta historia es Nejat Aksu (Baki Davrak), un joven profesor de filología alemana de origen turco, con el que Akin zarandeó algunos de los prejuicios que todavía existen en Alemania sobre los turcos:

De hecho, los turcos tienen un papel clave en Alemania en el campo cultural, político y científico. No se limitan a la prostitución. Para Yeter, la educación es tan importante que acepta prostituirse para pagar los estudios universitarios de su hija. Nejat se ve reflejado en esa sed de conocimiento.[1]

Y es en Nejat donde coinciden dos alusiones literarias. La primera se produce en el contexto de una de sus clases en la Universidad de Hamburgo. Nejat lee dos citas de Goethe para  explicar la oposición del poeta a las revoluciones, no por motivos éticos, sino debido al carácter incontrolable de las mismas:

¿Quién querría ver a una rosa florecer en lo profundo del invierno? Todo tiene su tiempo: las hojas, las yemas, las flores. Solo el necio pide este extemporáneo éxtasis. (Wer wollte schon eine Rose im tiefsten Winter blühen sehen? Alles hat doch seine Zeit: Blätter, Knospen, Blüten… Nur der Thor verlangt nach diesem unzeitgemäßen Rausch).

Yo estoy en contra de las revoluciones, porque en ellas se destruye lo viejo y acreditado, al mismo tiempo que se crea algo nuevo  y bueno. (Ich bin gegen Revolutionen, denn es geht genauso viel bewährtes Altes kaputt wie gutes Neues geschaffen wird) [2].

La lectura de Nejat se realiza ante una dormida Ayten Öztürk (Nurgül Yesilçay). Perteneciente a un movimiento de resistencia turco vinculado con la guerrilla, ella ha llegado a Hamburgo huyendo de la policía de su país.

La segunda alusión no es tan explícita y pasa fácilmente desapercibida. Cuando Nejat se muda a Estambul y compra la librería alemana que encuentra ahí, se produce un cambio en el aspecto de esta. Así, cuando entra por primera vez en ella, en el centro se ve un cartel con el retrato de Oscar Wilde:

Y después, cuando se convierte en su dueño, aparecen dos carteles distintos en el mismo lugar:

Vargas Llosa [3] e Isabel Allende reemplazan a Wilde. Y aunque es aparentemente un detalle insular (opuesto a las citas de Goethe, bien engarzadas en la trama principal), no creo que sea resultado de la pura casualidad. Akin habla un poco de español, está casado con la actriz alemano-mexicana Monique Obermüller (quien colabora en sus películas) y para esta cinta fue asesorado por el escritor mexicano Guillermo Arriaga (guionista de Amores perros, 21 grams yBabel) como se evidencia en la factura de historias entrecruzadas de la misma. Por ello, los carteles podrían ser un guiño hacia los gustos literarios, ya sea del propio Akin, ya sea de sus colaboradores.


[2] Estas citas pertenecerían realmente a Richard Friedenthal, biógrafo de Goethe.

[3] Al lado de su nombre aparece el de la editorial que publica sus obras en Alemania: «Suhrkamp».

Deja un comentario

Archivado bajo Alemania, Cine, Especial, Goethe, Hispanoamérica, Literatura en alemán, Literatura latinoamericana, Vargas Llosa

Werther en Frankfurt: pasado y presente (1)

La versión operística de la famosa novela de Goethe, realizada por el compositor Jules Massenet a partir del guión de Edouard Blau, Paul Millet y Georges Hartmann, tiene una estrecha relación con Frankfurt am Main. En primer lugar, esta ciudad alemana, actualmente conectada con las ciudades más importantes del globo mediante su inmenso y laberíntico aeropuerto, fue la cuna del escritor alemán. Asimismo, en las cercanías de dicha ciudad, su hijo predilecto ubicó el drama de su novela epistolar. Por ello, asistir a una representación de Werther en Frankfurt siempre es y será una ocasión especial, ya que implica el regreso a los orígenes de esta obra inmortal del romanticismo alemán.

Die Leiden des jungen Werther fue publicada en 1774, poco tiempo después de que Goethe fuese nombrado delegado del Tribunal Imperial de Wetzlar y, por ende, antes de que se incorporase a la corte de Weimar. La fuente de inspiración de la novela es en parte autobiográfica, pues se basa en el desafortunado amor del poeta por Charlotte Buff, esposa del funcionario Johan Christian Kestner (Albert en la novela), pero también en el suicidio de un joven funcionario del Tribunal Imperial de Wetzlar, Karl Wilhelm Jerusalem, a quien Goethe conoció y cuya muerte le fue comunicada por el propio Kestner en una detallada carta que recibió cuando, con el fin de cicatrizar sus heridas, el poeta había abandonado Wetzlar y regresado a Frankfurt. Dicha carta, como señala Goethe en Aus meinem Leben. Dichtung und Wahrheit, fue el desencadenante de la escritura de su novela. En todo caso, el suicidio de Jerusalem no obedeció a motivos románticos, sino a su descontento con el espíritu provinciano de Wetzlar, que colisionaba con su formación ilustrada.


Charlotte Kestner

En un tono claramente intimista, que se sustenta en la forma epistolar de la novela (prefiguración del monólogo interno), Werther narra a su amigo Wilhelm sus vivencias en la idílica aldea de Wahlheim. Interviene también un editor, quien se presenta en el epígrafe inicial de la novela y narra el trágico final del protagonista. Para Walter Benjamin, Die Leiden des jungen Werther fue la última expresión del espíritu revolucionario de Goethe (luego, se insertaría en el sistema cortesano de Weimar), pues el protagonista de la novela es el burgués cuyo orgullo colisiona con las barreras de su propia clase social. Así, Werther se convierte en el semidiós que se sacrifica por la burguesía, a la manera de un chivo expiatorio que canaliza los deseos prohibidos por las normas de la misma. Es decir, él debe sacrificarse por el bienestar de esta, de modo que, como apunta Benjamin, la burguesía se sienta salvada sin ser liberada. Werther se convierte, entonces, en el Mesías de esta clase social que, mediante su pasión, realiza el eros y el tánatos en sus formas prohibidas: el amor adulterino y el suicidio. De ahí la reacción que provocó la novela: el llamado «furor wertherinus». Este consistió en la imitación de la novela a distintos niveles: mientras en el más superficial, sus lectores imitaban la apariencia exterior de los personajes; en el más profundo, se identificaban con la pasión del protagonista (pues veían en ella el reflejo de la propia), al punto que lo seguían hasta su trágico final. Así, la novela captó los deseos reprimidos por las normas sociales de la época, de modo que se convirtió en una válvula de escape para la presión que ejercían las mismas. Por lo anterior, la traducción más apropiada del título de la novela, a mi parecer, es La pasión del joven Werther (en alemán, la pasión de Cristo es die Leiden Christi).

Un siglo después de su publicación, la idea inicial para la transformación operística de la historia de Werther surgió en 1879 en Milán. Paul Millet, autor del libreto de Hérodiade, otra ópera de Massenet, inició la elaboración del libreto. Debido a las presiones que soportó de parte del editor Georges Hartmann, quien deseaba una ópera espectacular, idea que se oponía a la visión intimista de Millet y del mismo Massenet, aquel cedió su puesto a Edouard Blau, autor del libreto de Le Cid. Este, venciendo las presiones de Hartmann, terminó el libreto ajustándose a las expectativas del compositor, quien realizó la parte musical de la misma entre 1885 y 1887. Sin embargo, otros inconvenientes retrasarían el estreno de la ópera: Leon Carvalho, director de la Opera Cómica de París, rechazó la obra porque consideraba que la trama era desoladora y, por ende, incompatible con el gusto del público. Por ello, el estreno de Werther se realizó, traducido al alemán, en la Hofoper de Viena en 1892. Un año después, se estrenaría en París en su idioma original. En poco tiempo, el círculo se cerraría y Werther regresaría a su natal Frankfurt: en una carta fechada en París el 11 de enero de 1895, Massenet agradecía al director de la Ópera de Frankfurt por haber llevado su Werther a dicho escenario.

Jules Massenet

Publicado en Mnemósine, 3, 2009, pp. 3-4.

1 comentario

Archivado bajo Alemania, Ópera, Especial, Goethe